En esta sección de la novela, vemos a Martina en el edificio de tortura y los efectos de la tortura física y emocional. Para continuar las ideas de Connor, la tortura interactúa con la memoria para inspirar duda y crear huecos en los recuerdos de las víctimas. Como resultado, algunas ausencias vienen en el archivo histórico y la memoria colectiva. Cuando Martina está en el edificio de tortura, ella se convierte en una persona diferente al punto de que no responde a su nombre inicialmente. Ella explica, “Así se llamó alguna vez fuera de aquel sitio de entrada y sin salida, pero ahora no lo sabía” (166). Martina está completamente conectada al edificio de tortura, y la policía ha tomado control de su capacidad mental y sus emociones. Ella está atrapada “sin salida;” pues se enfoca en sus desafíos inmediatos. Sin una nombre, una persona se convierte en un objeto o un número, y en esa manera empieza “la pérdida paulatina de Martina” (185). Esta caída contribuye a la desintegración de la memoria de la familia y la ausencia de las trece mujeres en su historia por mucho tiempo. Como Connor nota, la interacción entre el tiempo (con las perspectivas diferentes) y la memoria continua en el capítulo XIV con la narración de Paloma en 2004, que representa los relatos de su madre y su abuelo. Ella discute las formas de documentación, incluyendo los libros que informan los recuerdos oficiales. En los libros, ella nota, “Memorias escatimadas por los años, los pocos supervivientes, la desaparición de papeles en los archivos, la arteriosclerosis. El miedo o del dolor a recordar” (186). La memoria no puede capturar todos los eventos que ocurren; pues es “escatimada por los años,” mostrando la gran influencia del tiempo en la documentación. Similarmente, la falta de “papeles en los archivos” representa la desaparición de mucho reconocimiento oficial. Hay muchos libros en el archivo, pero podemos cuestionar la selección de voces que siguen reconocidas en la escritura, y las que son invisibles o reprimidas. Por ejemplo, aunque López escribió este libro sobre Martina, la perspectiva no es la de Martina porque la policía le mató. Aunque hay “miedo” y “dolor” en el proceso de “recordar,” este acto es esencial para dar honor a los muertos sacrificados y mantener sus legados. Con narraciones comprensivos, podemos empezar a guardar una parte de la memoria necesaria.