La violencia en La familia de Pascual Duarte

Como mi publicación final del blog, me interesa discutir el lugar de la violencia en La familia de Pascual Duarte y si es más probable que atraiga a la gente para que continúe girando la página, o si repele a los lectores. El tremendismo apoya la realidad de la violencia haciendo ambas cosas, pero me parece más fácil ser rechazado por la violencia en La familia de Pascual Duarte que interesarse por ella. Después de aprender más sobre quién era Camilo José Cela como persona, me resulta fácil ver cómo su escritura es intencionalmente negativo. Utilizo la palabra “intencional” muchas veces en mi trabajo final, y es porque es fácil decir que el sexismo de Cela no es crítico – hacer un comentario social sobre lo que el patriarcado hace a las mujeres – sino que está enraizado en sus ideales sexistas reales.

En mi opinión, el hecho de que la violencia en La familia de Pascual Duarte es básicamente justificada es espantoso y me hace sentir una curiosidad por lo que las lectoras de la época pensaban sobre el contenido de esta novela. La violencia es claramente un tema muy común en el cine y la literatura, pero siento que está presente en este libro por razones equivocadas. También siento curiosidad por saber si la violencia de Pascual es solo una reacción, y no tiene alguna relación con el género, o si es un intento de ser más masculino, que indica que la violencia es una característica masculina importante. Si el último es el caso, entonces encuentro esta violencia, y la falta de remordimiento por ella, aún más problemática. ¿Qué está tratando de demostrar Cela al usarlo de una manera tan severa e impulsiva?

La necesidad del interlocutor en “El cuarto de atrás”

Al leer y investigar sobre el papel de las mujeres por varios símbolos de la novela, entiendo más sobre la importancia del aislamiento. Cuándo leí el libro para la primera vez para la clase, no pude ver cómo la presencia del interlocutor fue posible. Pensé que el interlocutor fue cómo un parásito que siempre la molestaba. Por instancia, el cambio en capítulo cuatro demuestra cómo su presencia parece fastidiosa. Ella dice, “me molesta que fisguen en mis cosas sin permiso” (99). Había pensado si hay otra persona real o de su mente que ella podía hablar con, pero no había otro personaje en la novela.

Al investigar más sobre el papel del interlocutor para atraer la información de ella, comprendo ahora que el aislamiento de ella es necesario para su presencia. Parece que ella tiene que sentir incómodo alrededor de él para tener capaz de compartir mucha información privada sobre sus experiencias y la guerra en general. Si ella sentía cómodo cuando hablaba con él, posiblemente ella no compartiría tanta información con tantos detalles.

Aunque no estamos seguros si la protagonista de la novela es la autora, es fácil pensar que las dos mujeres son la misma mujer en realidad. El nivel de emoción y tensión que están presente en sus conversaciones indica que estas emociones y tensiones son reales. Un personaje ficticio no podría preguntarle sobre sus crecimientos en Dios y el diablo (99, 101).  Opino que el interlocutor es la única manera para compartir ese tipo de información con la sociedad. Me parece que el dinámico del interlocutor es demasiado complicado para ser un personaje completamente ficticio.

Temas circulares

Un tema que he notado como muy presente en esta novela es el pesimismo. Incluso cuando las cosas comienzan a parecer que van en la dirección correcta (por ejemplo, Quirós necesita mudarse de su casa para la luna de miel de su madre en la sección anterior del libro que leemos), los personajes a menudo muestran una actitud pesimista que los mantiene en este diálogo de ida y vuelta que siguen los lectores. El pesimismo de Quirós se manifiesta en sus relaciones con su madre y Christina, así como en su propia percepción de sí mismo. Para Ortega, se manifiesta en su incapacidad para escribir y su “vejez.”

Al sintetizar muchos de los temas que exploramos en nuestra discusión de este libro, parece que el pesimismo se combina con el género, la familia, el fracaso y muchos otros para resaltar las dinámicas de poder y control presentes en la novela y la forma en que la inseguridad en el género y la familia resultan en sentimientos de pesimismo y fracaso.

Como señala el blog de Andrea, al final aparece una especie de libertad y felicidad para los personajes, cuando Ortega termina su relación con Quirós y Quirós comienza a comprender el lugar de control en su vida. Además, el autor escribe, “Quirós se había detenido. Miró nuevamente el reloj” (181). Esto se relaciona con mi blog original sobre la representación del tiempo en la historia. Ahora, se está viendo “nuevamente,” que indica la presencia de un cambio. La edad y el tiempo fueron aspectos tan integrales de las vidas de Quirós y Ortega, y esta cita indica que ha habido un cambio en la perspectiva, y con ello, un alejamiento del pesimismo asociado anteriormente en la historia con ciertos aspectos de la vida de los personajes principales.

La dependencia y la inseguridad en _Los delitos insignificantes_

En todo el libro, el tema de la dependencia y la inseguridad es muy presente y algo que nosotros habíamos discutido durante clase mucho. La inseguridad de Ortega como un escritor, la dependencia de Quirós a su madre y la dependencia de Quirós a Cristina.

En el final de este libro, vemos un cambio entre este tema. Primero, Quirós mantiene su dependencia financiera, pero no a Cristina. Él depende a Ortega ahora cuando no vi Cristina por mucho tiempo. Quriós pide “cinco mil pesetas” de Ortega (147). Ortega también cambia su inseguridad personal porque él tiene una “sensación, incomoda una vez más, de estar llevando a cabo un acto de incalculables consecuencias cuyo sentido no percibía claramente” cuando Quirós le pide el dinero (148). Este es un ejemplo de que Ortega se da cuenta que Quirós está manipulándole. A pesar de que él da el dinero a Quirós, la realización que posiblemente está haciendo algo mal es un pensamiento que no vimos de Ortega antes.

Además, Ortega demuestra su valencia y cambia de inseguridad cuando esta esperando a Quirós y “su primer instinto fue el de huir, esconderse. Pero ese acto de esconderse…puso de relieve una emoción” que no tenía antes (180). Esta emoción es “el deseo de liberarse de Quiros” (180). En este momento, Ortega se da cuenta del abuso y que él no quiere vivir en esta situación. Yo pienso que este es el momento en que Ortega vence sus inseguridades personales. Si no necesariamente sabe lo que quiere, aquí vimos claramente lo que no quiere, que es el primer paso para darse cuenta de que quiere.

La masculinidad en Los delitos insignificantes

Como hemos hablado durante algunas clases sobre Los delitos insignificantes, el género es un tema central. En particular, hay una gran importancia sobre las apariencias y si parece fuerte y masculino. En la final sección de este libro, todavía vemos esa importancia en una de las finales conversaciones.

Por ejemplo, Quirós era un personaje con un enfoque en la belleza y las apariencias. Al principio, el funcionó como un trofeo para Cristina. Solamente tenía que aparecer fuerte y guapo para ella. Pero, al final, vemos una transformación en él durante esta conversación. “Quiros tenia mal aspecto. Sin afeitar. El pelo pegajoso” (181). La falta de mantener su pelo podría ser un cambio en su importancia de parecer bueno. Y con esto cambió en él, también hay una transformación en el dinámico de Quirós y Ortega. Ortega parece contento mientra que Quirós es más triste. “Ortega sonrió al saludarle. Quirós no sonreía. Mascaba chicle” (181). Ortega tiene más poder a través de su alegre, y Quirós parece como un niño con una “presencia juvenil” (183). Entonces, este modificación de las apariencias de Quirós revela un cambio entre los dos hombres. Él parece más como un niño y Ortega tiene más control de la relación. En continuación, los gestos entre ellos son importantes para las apariencias de ellos. Más que el chicle de Quirós, él también se que estando al frente de Ortega. Es como un intento de obtener el poder. A través de Quirós, el centro de la vanidad en este libro, vemos que todavía hay un gran enfoque en la importancia de aspectos, pero también en el poder y control de las relaciones.

También Ortega se enfoque en sus apariencias de la fuerza. Bromea “somos dos hombres fuertes” al principio de la conversación con Quirós. Luego, Quirós dice que lo que ocurrió anteanoche “fue una debilidad”. El lenguaje sobre la fuerza, particularmente sobre las acciones de hombres, reflejan la continuación de la importancia de la masculinidad.

La perdida total de control

Las últimas páginas de Los Delitos Insignificantes representan una batalla tremenda de control entre Quirós y Ortega. Aunque el libro completo he explorado las tensiones al respeto de poder social y la homosexualidad, el fin aumenta la tensión en la relación personal entre Quirós y Ortega como Quirós usa el celos de Ortega sobre la novia, Cristina, para manipular a sus acciones. Un diálogo específico de esto dinámico peligroso empieza con una pregunta retórica de Quirós que cataliza otra oportunidad para recordar a Ortega su inferioridad dentro de la relación. Pregunta, “Quien es el seductor?” (164) a la que responde Ortega honestamente con, “Tú,” (165).  Por razones sociales, el seductor es típicamente el hombre y tiene el poder de “cazar” en la relación. Aunque todo la novela confirma esta respuesta, Quirós le confusa al sentido de realidad de Ortega por decir, “De eso nada. Si quieres lo dejamos,” implicando que Ortega tiene control cuando en realidad él no lo tiene (165). Esa está ejemplificada cuando Ortega acuerda con la redirección de pensamiento por parte de Quirós y participa en la reconstrucción de memoria por las palabras de Quirós. Las maneras en que Quirós toma control de las palabras de Ortega muestra exactamente al nivel que le controla.  Como mostrado brevemente después esta conversación con otra referencia a la novia, Ortega siempre tiene miedo que Quirós vaya a dejarle para ella. De eso, Ortega no tiene ni tipo de control, no en su vida personal y tampoco en la vida social y profesional por las restricciones impuestas de sociedad. Es la falta de control total que eventualmente le empuja al sucederse.

La felicidad en el fin

La última parte de Los delitos insignificantes concluye un viaje de emociones verdaderamente fuertes e inestables. Los choques que vimos vinieron como resultado de los sentimientos de Ortega encontrando una resolución por fin y los sentimientos de Quirós siendo un gran desorden. Eso quiere decir que Ortega, la persona quien normalmente no puede terminar algo o cometer a una decisión final (como vimos con su historia del fracaso), decidió poner un fin a la relación que tiene con Quirós porque encontró “el deseo de librarse de Quirós” (180).

La claridad que él recibió no es común, pero la dió un sentido de paz y felicidad ya que él entiende lo que necesita para aceptar a sí mismo. Le ayudó después de ese argumento feroz con Quirós, quien no había analizado sus pensamientos sobre la situación y quien tenía el poder emocional normalmente. El ataque de Quirós contra Ortega muestra su pérdida de control sobre la relación. La felicidad extraña que Ortega siente viene de entender que él no tenía el control que Quirós tenía, pero también que no lo necesitaba. Con su madurez, Ortega finalmente tiene éxito en ejercitando su conocimiento de sí mismo.

Quirós es joven, perezoso y sin dirección. Él juega mucho con los papeles de género en sus relaciones con su mamá, Ortega y Cristina porque nunca tomó responsabilidad y “vive de las mujeres” en vez de trabajar sí mismo (24). La falta de felicidad que Quirós siente es porque no está cumpliendo su potencial- se siente pasiva, y cuando el alcanza ese nivel de violencia contra Ortega, Quirós abre sus ojos al sentido de poder y control total. Para él, es algo feliz entender que puede hacer con su presencia poderoso.Y en el fin, los dos siguen sus propios senderos de felicidad, raras que son.

 

Quirós, el parásito

Un rasgo común entre los personajes en esta novela, como hemos discutido en clase, es que son fracasos. Algo que se ve más en esta sección es algo que existe junto al fracaso, la dependencia. Quirós, un hombre de veinticuatro años, es un parásito a todas las personas en su vida. Aunque es de una edad en que debe ganar su propio dinero, y no tiene una discapacidad o una razón bien, nunca en su vida ha tenido trabajo.

 

Del principio del libro, Quirós tuvo que depender de otros personas para vivir. Pero, en esta sección de la novela, vemos el alcance de su falta de indecencia. Como un parásito, cuando su madre le echó y él no ha visto a su novia en mucho tiempo, Quirós tiene que encontrar un huésped nuevo, Ortega. Obviamente, el dinero es un símbolo de poder, y la acción de dar dinero ocurre muchas veces en Los delitos insignifcantes. En el caso de Cristina y Quirós, parece como el cambio de dinero entre un prostituta y su cliente. Pero en el caso de Cristina y Ortega, parece más que un abuso de la naturaleza simpática y sentimiento romántico de Ortega.

 

También, se ve en una serie de pensamientos de Ortega después que la transacción le molesta a él mucho. “Y Ortega, que no era tacaño, era, sin embargo, sumamente cuidadoso con dinero… era un regalo que Quirós nunca nunca le iba a agradecer” (150). Es obvio que esta acción amable de Ortega está creando resentimiento entre ellos. El estilo de vida, que es ser como un parásito, destruye sus relaciones.

Una tópica difícil

Es interesante ver cómo las expectativas tradicionales de los géneros en España afectan la confianza y las mentalidades de los personajes en Los delitos insignificantes. Basado de las maneras diferentes en que los personajes hablan sobre su sexualidad, se puede ver que, a pesar de la confianza que tienen en sus propias sexualidades no siendo algo malo, dudan en discutir el tema verbalmente debido al estigma social asociado a ser homosexual. Esto es especialmente evidente en una conversación entre Quirós y Ortega en la que Quirós presenta la posibilidad de no sentirse atraída a las mujeres hacia Ortega. En esta conversación, Quirós claramente ha pensado sobre el tema antes, pero su explicación a Ortega contiene muchas frases pequeñas como “pues, no sé” y “es una tontería, ya digo,” lo que indica que no se siente cómodo con el tema. Sin embargo, inmediatamente después de la conversación, rezo a sí mismo y justifica sus pensamientos como, para él, correcto. En esta explicación, tengo mucha más convicción con sus pensamientos, lo que contrasta con la inquietud que se sintió durante la conversación verbal. Él dice, “no es una obra de mis manos, no es idolatría, no estoy deficando imágenes inútiles de piedra o animales …”

Estos claros sentidos de inquietud que tiene Quirós sobre su homosexualidad reflejan muchas de las fuertes expectativas sociales que hemos discutido en relación con el género en esa época. Aunque Quirós, para su mismo, sabe que no está haciendo nada mal, el tema es incómodo para él versar socialmente.

El dueño de la situación

La relaciones de poder entre personajes han sido un tema importante para muchos de las novelas de clase, particularmente La familia de Pascual Duarte y Los delitos insignificantes. Similar a la manera en que Pascual se considera impotente al destino, Quirós siente “hechizado por su propio incapacidad de dominar la situación” con Cristina (108). Quirós es dependiente en el dinero de Cristina tal que “el acto concreto de pagarle se había convertido en un ritual, que, medio en broma, pero con la precisión de un mecanismo de relojería” (73). De hecho, Cristina reconoce el poder unilateral innato en el acto de pagar Quirós cuando dice “me encanta pensar, mientras estoy en la oficina, que tengo al gigoló esperando en casa. Me hace sentirme rica. Dueña de la situación” (73).

También dependiente de su madre por el alojamiento, Quirós necesita recuperar su sentido de poder. Aunque Quirós no usa la violencia literal para ser “dueño de la situación” (114) como Pascual, el sí busca “su víctima” (104) en Ortega. De verdad, Pombo usa lenguaje muy físico y violento para describir los pensamientos de Quirós sobre su relación con Ortega. Según la narrador omnisciente, “Haber, entrado, de repente, por la pura fuerza de sus encantos corporales…era un triunfo, un trofeo sangriento como el de los cocodrilos, que, según dicen, arrastran al fondo a sus presas” (97).

Evidentemente, Quirós usa “la pura fuerza de sus encantos corporales” en la misma manera en que Cristina usa su dinero y Pascual usa la violencia: como fuente del poder. El lenguaje sangriento implica un sentido del dominio primigenio y también natural. Los cocodrilos no simplemente son un símbolo de su poder recuperado por el control de su presa, sin que también ejemplifica algo natural y casi necesario. Las relaciones “demasiado unilateral[es]” (80) en que alguien como Quirós pueden ser dominado por una persona y “dueño de la situación” (114) con otra es presentado aquí tan natural como la cadena alimenticia.