La perdida total de control

Las últimas páginas de Los Delitos Insignificantes representan una batalla tremenda de control entre Quirós y Ortega. Aunque el libro completo he explorado las tensiones al respeto de poder social y la homosexualidad, el fin aumenta la tensión en la relación personal entre Quirós y Ortega como Quirós usa el celos de Ortega sobre la novia, Cristina, para manipular a sus acciones. Un diálogo específico de esto dinámico peligroso empieza con una pregunta retórica de Quirós que cataliza otra oportunidad para recordar a Ortega su inferioridad dentro de la relación. Pregunta, “Quien es el seductor?” (164) a la que responde Ortega honestamente con, “Tú,” (165).  Por razones sociales, el seductor es típicamente el hombre y tiene el poder de “cazar” en la relación. Aunque todo la novela confirma esta respuesta, Quirós le confusa al sentido de realidad de Ortega por decir, “De eso nada. Si quieres lo dejamos,” implicando que Ortega tiene control cuando en realidad él no lo tiene (165). Esa está ejemplificada cuando Ortega acuerda con la redirección de pensamiento por parte de Quirós y participa en la reconstrucción de memoria por las palabras de Quirós. Las maneras en que Quirós toma control de las palabras de Ortega muestra exactamente al nivel que le controla.  Como mostrado brevemente después esta conversación con otra referencia a la novia, Ortega siempre tiene miedo que Quirós vaya a dejarle para ella. De eso, Ortega no tiene ni tipo de control, no en su vida personal y tampoco en la vida social y profesional por las restricciones impuestas de sociedad. Es la falta de control total que eventualmente le empuja al sucederse.

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