Hay un importante contraste entre el ambiente de la casa de las parientes y el de la ciudad. En el inicio del libro Andrea describe Barcelona: “El olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes, tenían para mí un gran encanto” (13). La vida de la ciudad, con gente y luces y un “olor especial” le hace enamorada. Su entrada en su casa familiar es una yuxtaposición grande con este amor. Ella dice: “Aquel iluminado palpitar de las estrellas me trajo en un tropel toda mi ilusión a través de Barcelona, hasta el momento de entrar en este ambiente de gentes y de muebles endiablados” (18). La diferencia es tan grande que ella siente que no solamente está en otro mundo pero que Barcelona ya no existe y su “ilusión” de la ciudad está rompida. Ella también usa palabras muy fuertes para describir el ambiente terrible de su cuarto como “endiablados” para describir los muebles para poner énfasis en su condición mala.
Es importante saber que la casa no siempre estaba como así. Cuando Andrea visitó la casa cuando era niña “Se había quedado encerrada en el corazón de la ciudad. Luces, ruidos, el oleaje entero de la vida rompía contra aquellos balcones con cortinas de terciopelo”(20). Sin embargo, ahora es como el opuesto de la ciudad que es un cambio grande. Esto puede representar la gran cambio de la posición de la familia y su cálida social y económica. Andrea puede representar una nueva generación que podría revitalizar la familiar a través de su conexión con la ciudad y la juventud. Luego las opiniones de su tía como, “Eres muy salvaje y muy provinciana” son irónicos y celosos porque en realidad es Andrea que está más conectada a la sociedad.