En Martina, la rosa número trece, los miembros de una familia se relatan una tragedia en su historia familiar. El momento en que esta novela fue escrita porque a causa de La Ley de la Memoria Histórica, estas familias que habrían sufrido mucho durante la guerra tienen un espacio y el derecho para contar sus historias sin el terror de la penalización. Esta novela demuestra la importancia de la preservación de las historias a pesar de la censura. López usa las dos narradoras en las dos épocas para mostrar como la familia ha preservado la voz y los pensamientos de Martina en su propia historia; su “metrónomo interno de mujer adulta de sólo 22 años, con capacidad de autocrítica, con necesidad de limar ángulos y severidades” (López, 35). También, la preservación de la voz distinta de Martina en la novela crea un vínculo entre las dos narradoras, Martina y Paloma, con sus similitudes. Paloma usa la frase, “metrónomo interno” para describir su impulso de “transgredir las leyes de la rázon” (López, 45).
Cuando el fantasma de Martina apareció a Lolita en el primer capítulo, pensé en esta figura como una metáfora de las historias escondidas durante los años de Franco. Lolita, como una niña, puede ver a Martina, y esta escena representa el paso de la historia desde una generación a la próxima. Pienso que Manola reconoce la necesidad de esta transición con la frase, “Manola sabía que tarde o temprano el pasado sobrevendría” y ella dijo, “Lolita, cariño, vuelve a dormir que mañana tengo una cosa que darte” (López, 31).