Las representaciones del abuso entre las novelas

En el capítulo XI, los lectores ven una continuación y una escalada del abuso entre Juan y Gloria. Andrea oía los gritos de su tía y dijo, “Juan le debería estar pegando una paliza bárbara,” que demuestra la intensidad de sus gritos en relación con sus disputas en el pasado (Laforet, 95). Andrea es una testigo al abuso entre la pareja que crea una perspectiva diferente de las otras novelas en que la protagonista está sufriendo del abuso de su esposo. Como una testigo, ella tiene el poder de intervenir que cambia el curso del abuso, pero al mismo tiempo, hay momentos en que nadie en la casa quiere mediar.

El abuso en este parte de la novela me recuerda de las formas diferentes del abuso en las otras novelas del semestre. Los golpes que Juan infligió en Gloria son reminiscentes del abuso físico entre Prudencia y el marido. El dolor tan poderoso que Prudencia necesita disociar de su cuerpo para sobrevivir. La diferencia entre Prudencia y Gloria en este caso es que Gloria mantiene su voz y se defiende su posición. Gloria demuestra la resistencia física que Prudencia no la tiene. El abuso en la relación entre Natalia y Quimet parece como la negligencia más que las peleas físicas y ella mantiene una paradoja de la independencia y el encarcelamiento porque ella trabaja, pero por necesidad. Juan le da alguna libertad a Gloria, pero él tiene los momentos en que quiere controlar su vida y su contacto con el mundo fuera de la casa como el marido de Prudencia. El abuso en Nada tiene los elementos distintos del abuso en las otras novelas, pero cambia la experiencia del abuso porque la protagonista no es la victima directa sino una testigo.

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