La mente como prisión y evasión

Por toda la novela de El cuarto de atrás, el tema del refugio ha sido iluminado por los deseos expresados de la protagonista y diálogos entre C y el hombre de negro. Como muchas de las otras entradas del blog han mencionado, hay una búsqueda fuerte para un escape de toda la ansiedad, confusión y el incertidumbre que ofrece un país dentro de la posguerra y dictadura franquista. Hemos visto como la acción de escribir sirve como un refugio para la protagonista, pero también como su mente puede atraparse en el estado desorientado y desordenado de la memoria. Es decir, la mente de C se convierte en una evasión de la realidad dura y difícil mientras simultáneamente una prisión de toda el caos de las memorias complicadas.

La protagonista refiere a los “[sueños] de evasión” dentro del contexto de la literatura y específicamente el personaje de Robinson Crusoe (154). Como reflexiones de la subconsciencia de la mente, los sueños nos presentan una evasión increíblemente única de una perspectiva personal de la realidad. Además, porque la literatura y escritura vienen de la imaginación y el poder de la mente de pensar y crear, la protagonista habla sobre “la literatura de evasión” para afrentar la escasez que España indudablemente experimentaba durante los años de la posguerra (158). Sin embargo, al mismo tiempo, la mente encarna toda la confusión que llevan las memorias desorientadas y no lineales. Como el hombre de negro continúa a quedarse en la mente de la protagonista y mantener conversaciones con ella, todavía hay una ambigüedad sobre su existencia real; ¿era real o solamente un producto de la imaginación de la protagonista? En este sentido, la mente y todas las acciones y los efectos producidos pueden liberar el pensador mientras atraparse en la desorientación y los huecos de sus propias memorias.

La metaficción y la revelación de las emociones

Como una novela que pertenece a un género bien único, una de las características más distintas de El cuarto de atrás es su encarnación de la técnica literaria de metaficción. Con elementos fantásticos y referencias a otras obras escritas, como ha mencionado Grant en el blog “Cómo el estilo puede crear una sensación,” Carmen Martín Gaite refiere a su escritura personal, así como ella de otros autores para revelar las emociones quizás más escondidas y sutiles de la protagonista. En el segundo capítulo, hay una referencia, aparentemente repentino, a una “novela rosa” por citar “Oh Raimundo –exclamó Esperanza, mientras brotaban las lágrimas de sus párpados cerrados –, contigo nunca tengo miedo” (36-37). Además, dentro de otra conversación entre la protagonista y el hombre, hay otra referencia a un poema de Antonio Machado que se enfoca en la destrucción física gradual por decir “para llenar de lágrimas mañana la mustia seda y el marchito encaje” (43). Por otro lado, la protagonista también refiere a su propia escritura. Ella escribe, “…abrí un cuaderno con tapas de hule y escribí: “Hemos llegado esta tarde, después de varias horas de autobús…”” (44).

A través de estas citas y referencias a su propia escritura y las obras de otros escritores, los lectores pueden entender las emociones y los sentimientos más sutiles de la protagonista. El énfasis en la “novela de misterio” y la repetición de experimentar miedo revelan sus emociones más ansiosas y tensas; algunas de las citas literarias elegidas por esta parte de la novela, como ellas que he identificado antes, reflejan esta inquietud. También, los lectores aprenden sobre una relación amorosa de la protagonista con un “chico de Oporto” (42). Quizás las referencias a las novelas rosas muestran, en una manera más fina, el deseo de la protagonista para experimentar el amor y recordar sus propias relaciones amorosas. Básicamente, la metaficción de esta novela representa una parte distinguida de la trama y revelan, con más claridad, a los lectores las emociones bien importantes y algunas veces escondidas de la protagonista.

El papel de la ignorancia dentro de la inocencia

Como hemos discutido en clase, una parte integral de Primera memoria es el enfoque en el proceso de perder la inocencia. El desarrollo del personaje de Matia, especialmente por la tercera parte de la novela, les permite los lectores a entender este proceso con más profundidad a través del concepto de la ignorancia. Ya que la ignorancia y ingenuidad son características frecuentemente asociadas con la inocencia y la falta de experiencia, Matia demuestra la pérdida continua de su inocencia resultante de su pérdida de la ignorancia. Al leer diferentes libros, Matia se da cuenta de que hay una cantidad tremenda de información que ella todavía no sabía. Borja enfatiza esta ignorancia por decir a Matia, “¡Lee esto, tonta! Léelo, y te darás cuenta de que no sabes ni la mitad de nada…” (168). Aunque casi cruel, esta crítica destaca la ilusión falsa que la gran mayoría de los niños experimentan; la ilusión que el mundo y todo el conocimiento está limitado y fijo a su propia vida. Luego, Matia reconoce esta ignorancia que lleva y expropia el defecto de ser ignorante. Ella declara, “Era horrible dejar de ser ignorante” (169).

En el proceso de madurar, el punto de darse cuenta de su propia ignorancia es clave. Los seres humanos siempre están capaces de aprender y entender más. Pero solo cuando alguien tiene las experiencias que revelan su ignorancia puede esta persona madura y crece psicológicamente. El blog anterior de Hannah titulado “La perdida de la inocencia” explica el significado del proceso de perder la inocencia en el contexto de la guerra, violencia y muerte; sin embargo, otro elemento crucial para entender este proceso con más matiz es el papel de la ignorancia y cómo la madurez gradual de Matia se manifiesta en sus realizaciones y conocimiento nuevo.

El lenguaje y la idealización de la memoria

El estilo retórico de Ana María Matute en su novela Primera memoria es bien florido, descriptivo y verboso. En este sentido, su distinta manera de presentar los personajes y los entornos en que están los individuos está relacionada con la idealización de la memoria humana. Ya que una memoria es una reflexión de experiencias personales, es completamente subjetiva. Por lo tanto, es increíblemente fácil para tener unas memorias distorsionadas a causa de todos los sentimientos y pensamientos parciales. De hecho, es casi imposible para tener una memoria objetiva. Muchas veces, los seres humanos tienen una tendencia de idealizar sus memorias, recordando y exagerando el positivo y olvidando y disminuyendo el negativo.

Como una técnica de comunicar los recuerdos idealizados de su memoria, la autora utiliza un lenguaje bastante colorido y lleno de adjetivos y comparaciones aparentemente innecesarios. Por ejemplo, Matute escribe, “Ella los envolvía en su mirada dura y gris, impávida. Sus ojos, como largos tentáculos, entraban en las casas y lamían, barrían, dentro de las habitaciones, debajo de las camas y las mesas” (58). En este sección pequeña, Matute emplea el uso de símiles y descripciones casi fantásticas para representar su memoria compleja de su adolescencia y la perdida gradual de la inocencia. Además, la escritora refiere a los colores para describir algunos personajes y escenarios con atención particular en el color verde. Matute describe una isla “amarilla y verde” y un vaso “tan verde,” así como las decoraciones “de papeles transparentes, con cielos y ventanas azules, amarillos, rosados, y aquellas letras negras…” (17, 21). La manera distinta de utilizar los adjetivos, colores y un estilo literario con bastante imaginería se permiten los lectores a entrar directamente dentro de la mente y memoria de la protagonista. También crea un sentido idealizado y fantástico que captura la esencia subjetiva de la memoria.

El destino y Dios

Casi toda la narrativa que muestra la psicología de Pascual ha estado puesto en el contexto del destino. Como Alexis ha dicho en su entrada del blog, el determinismo “lleva a los personajes inexorablemente a su destino.” Sin embargo, con el tema del destino surge cuestiones sobre el papel del Dios en la vida, y especialmente en ella de Pascual. De verdad, hay una tensión bastante sutil, pero bien importante entre el concepto del destino y el plan del Dios.

Pascual atribuye muchos de los acontecimientos desafortunados y las malas condiciones en su vida al destino. Él dice, “pero hay que conformarse con lo inevitable, con lo que no tiene arreglo posible…” (85). No obstante, al mismo tiempo Pascual y Rosario compartieron una conversación en la que discutieron la papel del Dios en arreglando la vida. Cuando Rosario dice que “Todo se arreglará,” Pascual responde con la exclamación que “¡Dios lo haga!” mostrando el reconocimiento que tiene Pascual del poder que Dios mantiene por lo menos en su vida (77). Con ambos el destino y Dios, Pascual puede explicar todas sus características problemáticas como el resultado del destino o Dios; en vez de admitir a sí mismo de su propia culpabilidad de hacer actos terroríficos, él puede culpar todas estas tendencias violentas simplemente como la manera de que Dios lo creyó o el destino elegido para él.

En este sentido, como discutimos en la clase anterior, ¿Pascual entiende sus acciones como malas o no sabe el alcance de sus inclinaciones problemáticas? Responder a la pregunta de “¿Por qué dices que eres un hombre maldito?,” Pascual afirma que “No soy yo quien lo dice” (77). Quizás verdaderamente él no se ve a sí mismo como un hombre malo, pero simplemente siente como si él está satisfaciendo el papel y la personalidad que Dios, el destino o la sociedad ha echado sobre él.

La soledad como un escape

Los temas principales de los otros estudiantes que escribieron sobre la poesía de la Generación ’98 se manifiestan en los conceptos de la soledad, el pesimismo y el dolor. En estos poemas y El árbol de la ciencia, estos estudiantes identificaron la estrategia literaria de la repetición como el vehículo para expresar estos temas bastante sombríos. Como hemos discutido en la clase anterior, la Generación ’98 está marcada por una ausencia absoluta de las guía en casi cada uno componente de la vida; no había dirección espiritual, individual ni nacional. Por lo tanto, la falta de guías distintas crearon un vacío del entendimiento de la identidad nacional española además de la identidad individual de los españoles.

Aunque los poemas de algunos escritores que pertenecen a la Generación ’98 comparten muchos de los temas literarios más importantes de sus narrativas con Baroja y su obra El árbol de la ciencia, otro similitud que surge es la técnica de proyectar las creencias o emociones de los autores a los personajes de las narrativas. Los lectores, por leer las experiencias y entender la psicología de los personajes principales, pueden sumergirse dentro de todos los asuntos y conflictos de España contemporánea. Además, muchos estudiantes mencionaron la falta del escape del aislamiento y la soledad que experimentan los interlocutores de los poemas o historias. Sin embargo, la soledad sí misma puede servir como un escape de la realidad. Si alguien se pierde en todos los sentimientos de estar solo, es fácil para meterse en otro mundo. O sea, una mente llena de la sensación de soledad se transforma la perspectiva y el entendimiento de la realidad. Crea otra “realidad” psicológica que se permite a escapar el dolor real de esta sociedad o vida.

El microcosmo de España

Durante la quinta parte de El árbol de la ciencia, la historia está colocada en el pueblo de Alcolea. Dentro de estas páginas, la tensión entre lo rural y urbanizado se pone más clara. Baroja describe Alcolea como un lugar estático sin progresión, avance ni crecimiento en las mentes y costumbres de la gente. Esta falta de cambio contemporáneo está encarnada en las estructuras y características fijas de la sociedad de Alcolea. Andrés narra que “El pueblo no tenía el menor sentido social…[los] hombres iban al trabajo y a veces al casino. Las mujeres no salían más que los domingos a misa” (203). En este sentido, Alcolea, como una sociedad aparentemente retrasada y estática, puede ser entendido como un microcosmo de la interpretación de Baroja de España durante el fin del siglo XX.  Resultante de esta perspectiva de España, hay un pesimismo indudable que surge en la narrativa literaria; el pesimismo de una sociedad siempre absortado en lo tradicional y el pasado.

Como han dicho otros estudiantes, hay un énfasis en el pesimismo y la filosofía, especialmente la crisis existencial, por todas las partes que hemos leído. Estos dos conceptos están relacionados–el pesimismo empezando durante el fin del siglo XX influye la filosofía y psicología de la gente española. Por eso, una de las preguntas más importantes de la Generación ’98 que pertenece Baroja es ¿qué significa ser español? En un periodo inestable, podría ser fácil para perder un sentido y entendimiento fuerte del carácter nacional o cultural. Por ejemplo, en describiendo los otros viajeros con él, Hurtado afirma que los estereotipos y las generalizaciones de las poblaciones variadas por las regiones autónomas de España no eran verdaderas siempre (188). En vez, hay una lucha interna que experimenta el individuo que refleja la inquietad y caos del país entero.