La mente como prisión y evasión

Por toda la novela de El cuarto de atrás, el tema del refugio ha sido iluminado por los deseos expresados de la protagonista y diálogos entre C y el hombre de negro. Como muchas de las otras entradas del blog han mencionado, hay una búsqueda fuerte para un escape de toda la ansiedad, confusión y el incertidumbre que ofrece un país dentro de la posguerra y dictadura franquista. Hemos visto como la acción de escribir sirve como un refugio para la protagonista, pero también como su mente puede atraparse en el estado desorientado y desordenado de la memoria. Es decir, la mente de C se convierte en una evasión de la realidad dura y difícil mientras simultáneamente una prisión de toda el caos de las memorias complicadas.

La protagonista refiere a los “[sueños] de evasión” dentro del contexto de la literatura y específicamente el personaje de Robinson Crusoe (154). Como reflexiones de la subconsciencia de la mente, los sueños nos presentan una evasión increíblemente única de una perspectiva personal de la realidad. Además, porque la literatura y escritura vienen de la imaginación y el poder de la mente de pensar y crear, la protagonista habla sobre “la literatura de evasión” para afrentar la escasez que España indudablemente experimentaba durante los años de la posguerra (158). Sin embargo, al mismo tiempo, la mente encarna toda la confusión que llevan las memorias desorientadas y no lineales. Como el hombre de negro continúa a quedarse en la mente de la protagonista y mantener conversaciones con ella, todavía hay una ambigüedad sobre su existencia real; ¿era real o solamente un producto de la imaginación de la protagonista? En este sentido, la mente y todas las acciones y los efectos producidos pueden liberar el pensador mientras atraparse en la desorientación y los huecos de sus propias memorias.

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