Lineas Borrosas entre Realidad y Ficción

En relación con nuestras conversaciones sobre las líneas borrosas entre la ficción y la realidad, el capítulo siete empieza con lo que parece a ser una clara indicación que la conversación entre la protagonista y el hombre de negro no era más que un sueño. La hija viene a despertar la narradora y las dos tienen una conversación real y tangible, lo que sugiere al lector que el hombre de negro es, de hecho, un producto de la imaginación de la narradora. Sin embargo, esta noción contradice con el hecho que ella todavía tiene con su misma la cajita dorada que pertenecía al hombre de negro. A pesar de que el hombre de negro es, potencialmente, imaginario, ella todavía tiene un objeto físico suyo después de su sueño. Esta confluencia entre la ficción y la realidad deja al lector incapaz de determinar si la conversación entre la protagonista y el hombre de negro realmente ocurrió.

Además, es interesante el hecho que, en la cajita dorada, el hombre de negro le dio píldoras a la protagonista para ayudarla a estimular sus memorias, una acción que se relaciona con su mundo real y ficticio. A pesar de que el hombre de negro es probablemente un producto de la imaginación de la protagonista, ella todavía es capaz de relatar sus recuerdos pasados ​​en detalle gracias al hombre de negro. Porque del hombre de negro, la protagonista puede decir lo que piensa y recordar recuerdos pasados, lo que contradice la convención que existía en los mundos tanto del personaje ficticio (que ella no puede hablar contra el régimen de Franco) como de la autora real (que no debe recordar el pasado porque del Pacto de Silencio).

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