El estilo retórico de Ana María Matute en su novela Primera memoria es bien florido, descriptivo y verboso. En este sentido, su distinta manera de presentar los personajes y los entornos en que están los individuos está relacionada con la idealización de la memoria humana. Ya que una memoria es una reflexión de experiencias personales, es completamente subjetiva. Por lo tanto, es increíblemente fácil para tener unas memorias distorsionadas a causa de todos los sentimientos y pensamientos parciales. De hecho, es casi imposible para tener una memoria objetiva. Muchas veces, los seres humanos tienen una tendencia de idealizar sus memorias, recordando y exagerando el positivo y olvidando y disminuyendo el negativo.
Como una técnica de comunicar los recuerdos idealizados de su memoria, la autora utiliza un lenguaje bastante colorido y lleno de adjetivos y comparaciones aparentemente innecesarios. Por ejemplo, Matute escribe, “Ella los envolvía en su mirada dura y gris, impávida. Sus ojos, como largos tentáculos, entraban en las casas y lamían, barrían, dentro de las habitaciones, debajo de las camas y las mesas” (58). En este sección pequeña, Matute emplea el uso de símiles y descripciones casi fantásticas para representar su memoria compleja de su adolescencia y la perdida gradual de la inocencia. Además, la escritora refiere a los colores para describir algunos personajes y escenarios con atención particular en el color verde. Matute describe una isla “amarilla y verde” y un vaso “tan verde,” así como las decoraciones “de papeles transparentes, con cielos y ventanas azules, amarillos, rosados, y aquellas letras negras…” (17, 21). La manera distinta de utilizar los adjetivos, colores y un estilo literario con bastante imaginería se permiten los lectores a entrar directamente dentro de la mente y memoria de la protagonista. También crea un sentido idealizado y fantástico que captura la esencia subjetiva de la memoria.

A mi me gusta mucho tu análisis del estilo de escribir. Matute definitivamente utiliza mucha descripción cuando está hablando (de la perspectiva de Matia) sobre sus propias memorias de la infancia. Una descripción particularmente interesante para mi es en la primera pagina del libro. La primera imagen que ella nos pintó en toda la novela es la de su abuela. La medida en que ella describe su abuela es increíble para una memoria de la niñez. Por ejemplo, “Las manos de mi abuela, huesudas y de nudillos salientes, no carentes de belleza, estaban salpicadas de manchas color café.” Creo que este estilo de Matute es muy preciso porque es muy común tener memorias fuertes, distintas, y poderosas de la infancia.
Pero, en el caso de Matia, no estoy de acuerdo con el uso de la palabra “idealización.” Algo que funciona muy bien en la cita arriba es la descripción, también colorida y con adjetivos, que sigue. “Dicen que en el otro lado están matando familias enteras, que fusilan a los frailes y les sacan los ojos… y que a otros los echan en una balsa de aceite hirviendo… ¡Dios tenga piedad de ellos!” Debido a citas como así, estoy de acuerdo más con tu explicación de exagerar el pasado. Niños como Matia son más emocional y menos racional que adultos. Entonces, tiene sentido que memorias de la infancia son más dramáticas y emocionantes. Historias horrorosas de la guerra como así probablemente divulgaran muy rápidamente entre la comunidad de niños en la isla porque son dramáticos y provoca mucha emoción. El contraste increíble entre una descripción nostálgica de una abuela y la otra inquietante y violente contiene un efecto muy chocante.