Las Almendras

Para añadir al punto de Dãvíd sobre el horror en esta novela, un ejemplo tan notable es la escena con las almendras en el capítulo XVI. Aunque las almendras son una botana generalmente, la presencia de las almendras nos ayudan como lectores para entender la situación extrema para mucha gente español. Las sirven como una representación del hambre de algunos ciudadanos españoles en la época posguerra. La escena con las almendras ocurre cuando Andrea está caminando sobre la ciudad, y ella compra un cucurucho de almendras de un vendedor callejero. Como ella camina con las almendras, Andrea recibe múltiples solicitudes de las personas quienes tienen el hambre. Por ejemplo, un grupo de los niños le pregunta a Andrea si pueden tener “una almendrita.” En respuesta, Andrea piensa que “¡Ah! ¡Malditos!, pensaba yo. Vosotros habéis comido caliente en algún comedor de auxilio social. Vosotros no tenéis el estómago vacío” (Laforet, 137). Esta cita nos muestra las ideas y perspectivas muy diferentes sobre el hambre y la pobreza. En nuestra sociedad, pensaríamos de una persona quien come al comedor de auxilio social como una persona en necesidad. Sin embargo, en esta sociedad española, Andrea piensa de estos niños como bien alimentados y molestos a causa del hecho que desean la comida. Otro ejemplo de esto fenómeno es las interacciones entre Andrea y el pícaro, particularmente cuando Andrea dice “Eso sí, no podía prescindir de su saludo. Sin su saludo yo me hubiera olvidado de él. Era su arma de combate” (137). El término “arma de combate” tiene la connotación de la guerra, cual nos muestra la desesperación de las personas hambrientas.  

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