En los primeros capítulos de la novela, La plaza del Diamante, el lector es introducido por la cultura tradicional de España en mediados de siglo. Natalia, la protagonista, nos acompaña en este viaje que explora la vida cotidiana de los españoles durante un tiempo de disturbios civiles. Un valor más importante de la tradición española que dura a través la historia es la religión. En la novela, Rodoreda caracteriza el papel de la religión como algo abrumador y necesario. Me interés la interacción entre la religión católica y el machismo en esta novela.
Por ejemplo, el tipo de la relación que Quimet y Natalia iban a tener fue definido por la frase, “él era como si fuese San José y que yo era como si fuese la Virgen” (Rodoreda, 18). Es interesante, porque la primera vez que leí esta frase, pensaba que la relación entre Quimet y Natalia sería sagrada y madura. La comparación entre las dos parejas es irónica, porque nosotros averiguamos que la relación entre los dos personajes es tan diferente que la de San José y la Virgen. Quimet es un marido abusivo y domina Natalia en casi todos los aspectos de su vida.
El pasaje sobre el pensamiento obsesivo de Natalia sobre María también me interés. En el texto, Natalia reclama que María probablemente hace todo lo mejor en comparación de ella. La protagonista tiene celos de María, porque su marido siempre dice “pobre María,” pero nunca tiene simpatía para ella.
Pienso que la religión católica será un tema muy crítico para el resto de la trama de la novela, y ya hemos vistos muchos ejemplos del papel de esta observación tradicional. La comparación entre unos aspectos de la religión y el matrimonio de Quimet y Natalia provee un comentario sobre una sociedad imperfecta. Es una crítica de una cultura que aspira a ser fiel, pero en realidad la manera en que vive es la opuesta.