Memoria (Grupo B)

En Martina, la rosa número trece por Ángeles López, los tema de la memoria y la historia aparecen con frecuencia. En la tercera parte, desde la perspectiva de Paloma en 2004, la narración se enfoca en el proceso de contar historias y los silencios que también dominan. Paloma expresa, “creo que la manera más sencilla de entender las cosas – aun las tempestades emocionales – es contándolas” (López 44). Aunque algunos personas y miembros del gobierno quieren olvidar los horrores del pasado, Paloma apoya la idea de recuperar la memoria de eventos difíciles y “tempestades emocionales.”  Ella piensa que la discusión y el reconocimiento ayudan el proceso de entender. Su perspectiva coincide con la ley de la memoria histórica de 2007 en España, apoyada por los socialistas, pero esta actitud representa un cambio en la legislación y especialmente con los sentimientos de miedo durante la transición.

Al mismo tiempo, el proceso de recuperar la historia familiar también llega con desafíos. Cuando Paloma cumple 15 años, ella pregunta a su madre sobre los origines de unas zapatillas  y el pasado de su familia. Ellas no han hablado mucho sobre las experiencias de la familia durante la Guerra y bajo Franco, y la conversación con Lolita, su madre, le da mucho dolor. Cuando Lolita revela que Martina era parte de las Trece Rosas, Paloma piensa, “Era la primera vez que oía aquel nombre, aquella denominación en la que incluía a mi tía-abuela en el objeto mudo de un denominador común, que la perpetuaba, más allá de su muerte, junto a doce mujeres más con nombre de flor para toda la eternidad” (50). Porque la muerte de Martina fue una gran tragedia, es difícil discutirlo entre la familia. Sin embargo, el silencio trae varias consecuencias. Cuando Paloma aprende sobre el contexto de las Trece Rosas, ella entiende la posición de Martina como una parte de un entero, “el objeto mudo de un denominador común,” que indica su posición en relación a otras mujeres. Aunque las identidades individuales están perdidas en el grupo, las Trece Rosas preserva la memoria colectiva de esas mujeres “para la eternidad.” Paloma analiza la experiencia de recordar para su madre, diciendo, “Lolita…acaba de despegar los sellados labios de su memoria para hacer el traspaso de aquel legado de esparto. […] Precisamente en su mutismo residen los gritos del discurso que no quieren narrar” (51). Ella lucha entre es proceso de recuperar la historia y su hábito de ser muto sobre estas tragedias. Sin embargo, el acto de relatar el pasado crea una oportunidad para liberar “los gritos” y la memoria justa.

 

 

 

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