Para responder a Kristin y Lily, estoy de acuerdo que los contrastes entre la casa del presente y la casa del pasado son muy importantes. Similarmente, hay otras juxtaposiciones que aparecen en la segunda parte de la novela. Primero, Andrea finalmente tiene una oportunidad para experimentar su libertad deseada en la ciudad. Ella explica, “Por primera vez me sentí suelta y libre en la ciudad, sin miedo al fantasma del tiempo” (85). En comparación a su confinamiento en la casa, ahora Andrea camina sola en la ciudad a una hora tarde, como esperaba. La metáfora que explica su falta de “miedo al fantasma del tiempo” refleja el poder del tiempo (más que una persona) para restringir su independencia y establecer límites para las mujeres. Sin embargo, ella si tiene momentos de miedo como resultado de sonidos extraños y personas desconocidas. Con su camino solitario, ella se desvía de las expectativas de género, y esta decisión ilumina su entrada a un espacio prohibido.
Además, los cambios repetitivos de la temperatura demuestran los contrastes entre el exterior y el interior, indicando la gran libertad de la calle para Andrea. Ella usa lenguaje visual y táctil para describir la atmósfera afuera, diciendo, “El frío parecía más intenso encajonado en las calles torcidas…Había una soledad impresionante, como si todos los habitantes de la ciudad hubiesen muerto” (86). En la casa, hay varias relaciones complicada entres miembros de la familia; el calor del interior representa un sentido atrapado. En comparación, la calle ofrece “una soledad impresionante” que le da la oportunidad a Andrea de pensar y vivir sin preocupar. Al mismo tiempo, el “frío” es muy táctil, como la muerte. El frío contribuye a la creación de un espacio distinta; específicamente, la temperatura define los límites de un espacio.
Finalmente, es interesante ver las diferencias entre las acciones adentro de la casa y afuera. Por ejemplo, Andrea expresa su actitud sobre Gerardo, quien encontró en su camino, y quien luego le dio su primer beso. Ella revela, “Me desahogué insultándole interiormente. Desde que le había parecido necio y feo aquel muchacho” (88). Andrea no le gusta a Gerardo, y confronta a él. Aunque ella está nerviosa, este sentimiento no prohibe su expresión de sus pensamientos. Ella dirige a Gerardo, diciendo “-Eres un imbécil-…” (88). Esta declaración refleja su valor y su mente independiente. Es interesante comparar estas interacciones a las relaciones entre la abuela, Juan, Ramon, y Gloria también.