En términos generales, muchos de los símbolos en la novela de Ana Maria Matute contribuyen al proceso de perder la juventud. Mientras el crecimiento es un tema dentro de sí mismo, el tema dominante de la luz es específicamente lo que usa Matute para conectar el crecimiento con otras temas importantes, como los colores, la naturaleza, la inocencia, etc. En mi blog pasado, hablé sobre la función de la luz para representar la juventud, y la oscuridad para representar la vejez. Vemos en la última parte de la novela que todavía hay ejemplos en que la luz relata a lo positivo y la falta de luz al negativo, pero también tenemos ejemplos donde los dos empiezan a combinar en maneras que no hemos visto más temprano en el libro. En página 182, Matia describe al ambiente de la escena como “un brillante y horrible día gris.” Aquí vemos la primera vez que el exceso de luz es algo malo. En un ejemplo similar a la manera en que vemos luz en el principio de la novela, Matia demuestra la belleza de Malene desde sus características brillantes, como sus ojos, para decir que “no vi nunca mujer más hermosa y llena de orgullo.”
Alternativamente, tenemos la manera en que “brillaban otra vez la tristeza casi colérica,” y el anillo de la abuela que “brillaba en su mano como un ojo perverso” (194, 207). Poco a poco, la luz y lo positivo se mezcla con la oscuridad y lo negativo para demostrar la transición de Matia de niña a mujer. La Tía Emilia también dice a Matia, “Ya eres una mujer” (200). Al final de la historia, la luz está “muriendo,” y Matia reconoce “la oscura vida de las personas mayores” (208). Ha perdido a Gorogó, y la luz de su juventud está muerto. La presencia del tema de luz en la historia es tan importante porque combina el significado de los otros temas para identificar qué es lo positivo y qué es lo negativo en la vida de Matia, y cómo estos positivos y negativos se estructura su pérdida de inocencia.
