En la clase de jueves hemos discutido algunos temas de la novela que han parecidos durante el curso de ella. Un tema sobresale más claro a mi, el tema del crecimiento. Es fascinante para resumir el proceso de crecimiento que parece antes del último parte del libro. Al principio de la novela, observamos las aventuras infantiles de Matia y Borja, quien fuman y corren con los niños del pueblo. Pero, con la introducción de Manuel y otros eventos, empezamos a observar los cambios en la actitud de Matia. En la página 122, por la primera vez, Matia aparece ser perturbada por su apariencia. Todavia quiere ser una niña (“No soy una mujer. Oh, no, no soy una mujer” p. 122-123), pero sus preocupaciones con su apariencia joven están descritos como “un peso” que ella siente (p. 123). Toda las expectativas y influencia sobre la belleza de mujeres que originan de Tia Emilia y su Abuela están comenzando a comerse a la mente joven de Matia, pero todavía los cambios parecen como un peso porque no son naturales o deseados en la mente de Matia. Con esa lucha internal entre la juventud y la madurez de mujeres esperada, empieza los cambios consciencios hacia la madurez de Matia.
Más adelante, el autoconocimiento de su madurez (en vías de desarrollo) se crece. Sabemos eso porque Matia refiere a Borja como si “me pareció mucho más niño que yo,” indicando un nuevo realización de madurez en ella misma (p. 159). También, ella continua su crecimiento con su “primer sentimiento de adulto” de piedad hacia el Chino, y más luego hacia Jorge Antonio (p. 156 y 190). En este primer momento de piedad, Matia describe como ya no puede ir a la isla de Nunca Jamás con Peter Pan, un símbolo de su niñez en la novela, indicando una consciencia de su juventud que está desapareciendo activamente.
Finalmente, al fin de la novela en el último parte, terminamos con una Matia casi adulta y tan contraste a la Matia que conocemos al principio. Como mencionó un compañero de clase en Jueves, es la falta de familiaridad en momentos que causa al crecimiento de Matia. En el último parte, parece otro ejemplo de una experiencia nueva para ella que requiere el crecimiento rápido. Después de la visita con Jorge Antonio, Matia no se dio cuenta que ella y Borja estaban borrachas, porque fue una experiencia nueva y adulta para ella (“no se lo que le ocurriría a Borja, pero me sentía enferma, trastornada…” p. 196). Esa experiencia enfatiza los cambios hacia la madurez en Matia, porque notificamos que ella ahora es consciente de las cosas de los niños y las cosas de los adultos en ella misma (“me deje caer sobre la alfombra, con un gesto idiota de niña malcriada…” p. 201). Internamente en la mente de Matia, su crecimiento hacia la madurez (desarrollado desde el principio de la novela) se concretiza con el engaño de Manuel por Borja-cuando Borja enmarca a Manuel y culpa a él por su propio crimen, la injusticia de este evento rompe la luz de niñez final en Matia y causa a ella para “saberlo todo…la oscura vida de las personas mayores, a las que…pertenecia ya, ” (p. 229). Y después de la conversación con Tia Emilia (cuando Matia adquiere “ojos abiertos” por causa del despido indiferente de Emilia sobre su confesión de la mentira de Borja), Matia admite que, “no existió la Isla de Nunca jamas…no sabia donde estaba [Gorogó]” p. 233). Es decir, todos los símbolos de su juventud ya no existen, porque han desaparecidos debido a su crecimiento. El crecimiento en Matia durante Primera Novela parece por la desilusión que está creada por momentos desconocidos y difíciles que ella tiene que afrontar.
