En clases pasados, hablamos de la manera en cual Pascual narra ciertas partes de la novela en un estilo sin emoción. Aun durante los eventos traumáticos, como las muertes, Pascual nos da los detalles del cuento en un camino objetivo y con una falta de emoción. Sin embargo, en la escena final, Pascual experimente una inundación de emoción cuando está considerando si debe o no seguir adelante con el asesinato de su madre. Este cambio es una salida del estilo anterior para completar el libro y nos da como lectores un acceso sin filtro de los pensamientos crudos de un asesino.
Durante la novela, hemos visto Pascual hace muchas cosas horribles, incluso el asesino del Estirao. Sin embargo, nunca hemos visto Pascual cometer un crimen tan grotesco como el asesino violento de un miembro de la familia. Empezando con la línea, “había llegado la ocasión…” Pascual nos dirige a través de sus pensamientos que conducen al asesinato de su madre (121). Al principio de la escena, aparece que Pascual se compromete a cumplir con el acto de matar. Pero como progresa la escena, podemos ver un sentimiento de hesitación sobre el acto: “El tiempo pasaba y yo seguía allí, parado, inmóvil como una estatua, sin decidirme a acabar. No me atrevía; después de todo era mi madre, la mujer que me había parido, y a quien sólo por eso había que perdonar” (122). Esta hesitación es un contraste con su narración antes del asesino del Estirao: “Estaba frío como un lagarto” (99). Incluso para un personaje como Pascual, la relación con la madre es una relación especial.
Sin embargo, al final Pascual escoge la decision fatal, matar la madre. Con esta decisión, podemos ver la emoción más importante de la escena final, el sentimiento de “alivio” que se siente Pascual cuando se mata a la madre: “Podía respirar” (123). Después de leer esta escena final la gran ironía del libro es evidente. Aunque el título de la obra es “La familia de Pascual Duarte,” es solo cuando esta familia es removida de su vida que Pascual se siente la libertad.
