Como hemos discutido en clase y en unos blogs, esta novela cuenta la transición de la niñez a la adolescencia. Esta transición es muy obvia para Matia pero en la tercera parte Matia destaca la transición para Borja.
La tercera parte, titulado “Las hogueras,” empieza con un comentario de unas uvas que recibe la abuela. Cuando ella las prueba, son ácidas, o sea no son maduras ni están listas para comer. Creo que este empiezo es un presagio para la madurez de Borja. Borja menciona después que las uvas de Son Major serán dulces, una reflexión de la admiración para Son Major. La admiración esta relumbrado de nuevo cuando Matia describe que Borja “Quería parecerse a Jorge de Son Major, el del Delfín y las islas griegas” (150).
Antes, Matia destaca su añoranza para la niñez cuando lleva la muñeca en los brazos. En esta parte, la niñez está manifestada en la situación en la isla cuando ella compara Borja, y sí misma, al “desterrado Peter Pan” (155). Esta representación de Borja afirma que aunque él aparece más fuerte o dominante en la novela a veces, él tampoco está listo para entrar en el mundo de los adultos. A la vez, el uso de la literatura fantástica sirve como un escape para Matia y un momento de nostalgia entre la locura de las luchas.
Borja demuestra sus características infantiles cuando se entera de la relación de Manuel y su padre Son Major. Por su admiración a Son Major, Borja no puede aceptar que su enemigo es el hijo de su ídolo. Este hecho insoportable me hace pensar que el fin entre Borja y Manuel no será tranquilo.
