La luz en Primera Memoria

En los capítulos 4-6, hay muchas referencias a la presencia o falta de luz dentro de la narrativa. Matute describe “la luz de lluvia,” “las lucecillas de las luciérnagas,” “la luz perlada del alba” y muchos otros ejemplos que contribuyen a crear el ambiente de cada escena de la historia (57, 58, 63). Este frecuente empleo de la luz transforma en referencias del sol y la manera en que se refleja color sobre cosas que toca. Por ejemplo, vemos que el uso de luz y color en “el sol arrancándole un rojo resplandor,” “la sombra amarilla de la casa” y “el sol lucía fuera como un rojo trueno de silencio” conectan colores con emociones y, por fin, con la experiencia emocional deseada de la escena (63, 68, 71).

Además, como describió Ricky en su blog, los colores representan “una vida inocente afuera de la guerra y la edad adulta.” Similarmente, la luz funciona para separar la juventud de las cosas viejas. Vemos eso en muchas de las descripciones de la casa de la abuela, que es “sombría y sucia,” y tiene “una grande y destartalada sala con extraños muebles de madera oscura” (70, 65).

La presencia del sol también lleva esperanza y alivio a los jóvenes. Durante una conversación sobre la guerra, Matia pregunta “qué cosa será, verdaderamente, la guerra?” y dice “siempre el sol, allá arriba” (72). Este símbolo de regularidad para Matia se opone a la realidad de los adultos, el tío Álvaro, el padre y la madre, quien “también gritaba por la noche” (72). El uso de la luz en asociación con la función de colores en la novela permite Matute crear un sentimiento sobre la manera en que la vida real y adulto, con conocimiento de la guerra, es un mundo oscuro, y el mundo inocente de los jóvenes es un mundo donde la luz y los colores brillantes todavía pueden existir.

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