La idea filosófica de determinismo es un tema muy profundo en esta novela. Es lo que lleva a los personajes inexorablemente a su destino. La primera línea de la novela alude a este concepto: “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.” Sus motivos se referían a las fallas de su entorno de su niñez, como la pobreza y la injusticia de España rural. Él automáticamente cree que él es predestinado a su carácter violenta. “[Mi corazón es una] máquina que fabrica la sangre que alguna puñalada ha de verter” (45). Es inquietante cómo se compara a sí mismo con una máquina, pero al menos tiene conciencia de su lugar en la vida. Sin embargo, ¿es eso suficiente para nosotros como lectores creer en él como el narrador? ¿Podemos creer en el concepto de determinismo y decir que Pascual estaba predisposición a todas sus acciones y, por lo tanto, no puede ser culpado – especialmente en el caso de asesinato que ya hemos visto dos veces hasta ahora?
Además, la muerte de su bebé es otro evento en su vida que apoya la idea del determinismo. Cuando Pascualillo nació, pensamos que esto le daría una nueva hoja a Pascual. Sin embargo, este no es el caso y su hijo muere, dejando a todos devastados. “Contra más ilusión se hace una, parece como si más apuro hubiese por hacérnoslo perder…” (69). Su destino siempre esta en contra de él y es determinado a evitar que encuentre la felicidad en su vida. Este tipo de escritura pide nuestra simpatía para él. Sin embargo, es difícil darla porque sus acciones van en contra de nuestra moral.
