Concha Méndez hace un papel muy grande como poeta en la Generación del 27. Como la Generación del 98, su poesía esta llenado con dolor. Pero, sus poemas publicados en 1928 y 1932 son más felices y contienen referencias a la vida y el amor sexual. En “Verdes,” nos vemos la influencia de Lorca porque ella usa el verde para describir la vivaz de los arrecifes en el mar. En su vida temprana, ella era una nadadora y hay evidencia de su amor para el océano en sus poemas vibrantes.
En su libro de poesía Niño y sombras, es evidente que su bebé se murió durante la infancia y hay un gran cambio de sentido en sus poemas. En vez del amor y felicidad, sus poemas están vacíos de estos sentimientos y llena de ausencia. Para el poema (1) en la serie, ella no tiene título — posiblemente porque ella no puede describir sus sentimientos en pocas palabras. Como mujer, ella destaca como el lazo a la sangre, a los niños, es tan fuerte. En título “Fue” nos informa que la muerte del bebé paso en un momento incomprensible para ella. Al contrario de una muerte instante, el dolor de la ausencia del niño es como “una eterna lagrima.” Aunque ella pasaba poco tiempo con su bebé, ella va a sentir este dolor por toda su vida.
En la última poema por ella para la clase, su uso de versos con una palabra destaca su dolor interminable. Las palabras “triste” y “menos” representan como cada segundo estos sentimientos aparecen como una bofetada en la cara. Su vista ante la vida hay cambiado drásticamente. En vez de apreciar la naturaleza, como en “Verdes,” ella “voy en ascua viva” y siente el dolor de la ausencia por todas partes del mundo.
