Siguiendo la vida de Andrés Hurtado nos mostró, en toda su complejidad, el pesimismo total que colora la novela, sus personajes y el mundo en que ellos viven. Desde el principio, hemos visto ejemplos de Andrés analizando todo sin sus lentas de color rosa. A él no le gusta como se comportan sus compañeros de clase, habla con Iturrioz sobre la crueldad de la vida y también de la falta de posibilidad de cambiar, como leímos en los blogs de nuestros compañeros de clase.
Este pesimismo sigue hasta los finales partes, donde dificultades con encontrando trabajo, charlas con amigos que muestran las quiebras entre amistades, los juicios que imponen y la falta de oportunidades en España y la muerte de Lulú finalmente pegan a Andrés. En su desarrollo personal, Andrés nunca perdió su afinidad de criticar todo porque nunca aprendió como separar todos los eventos y encontrar lo bueno, o si no bueno, menos malo, en la vida. Andrés sabe como discutir y ajustarse, porque lo hice para aprender medicina y en sus visitas con Iturrioz. Pero por alguna razón, el se quedó sin poder estar satisfecho con la vida. Temas como las oportunidades en España, el dolor en el mundo y la falta de generar emociones fuertes le persiguieron hasta que el no pude aguantar más. Me hace sentir como había una desperdicia de vida con Andrés porque el tenía toda la educación, oportunidad y habilidad para hacer algo de si mismo, y al final se suicidó. El árbol de la ciencia fue demasiado pesimismo para él, pero también el árbol de la vida. Después de todo lo que sufrimos por Andrés con la muerte de Luisito y Lulú, el también se murió, llevando al cabo todo el dolor y falta de sentimiento en su vida.
