En el último capítulo de la segunda parte ocurre una conversación interesante entre Andrés y su tío-primo, Iturrioz. Este capitulo tan filosófico contiene varios temas importantes, especialmente relacionados a como se entiende la vida.
Primero, como dice la nota en la guía, el titulo de esta segunda parte, “Las carnarias,” tiene un doble sentido. Describe un lugar donde se pone carne para quedarse fresca o donde se pone cadáveres. Este paralelo entre lo humano y el animal aparece de nuevo en esta conversación. En las palabras del tío, “la vida es una lucha constante, una cacería cruel en que nos vamos devorando los unos a los otros” (125). En esta mirada el mundo humano es igual al mundo animal y no tiene la posibilidad de hacer más que proteger a tu mismo. Esta opinión del mundo trabaja con la idea del tío que “la justicia es una ilusión” (127) para crear una perspectiva de la vida en que lo normal es una vida llena de violencia, sin consideración al bueno general. Es un sentido un poco parecido a lo de Montaner sobre la posibilidad de cambiar como van las cosas, pero sin la inclusión de la posibilidad por cambios a través de la política. Todavía, los dos sentidos son pesimistas y contribuyen a la desilusión de la vida que tiene Andrés.
Que este pesimismo sobre la vida viene de alguien que a Hurtado respeta, solamente hace el conflicto más difícil, especialmente por un personaje que ya sabemos de sus pensamientos políticos del principio del libro es a favor a un sistema en que se puede ayudar al resto de la sociedad. En un joven ya frustrado con el mundo, es fácil imaginar como esta conversación crea más pesimismo y confusión, como es visto en su final pregunta del capítulo, “¿Que hacer? ¿Que dirección dar a la vida? (130).
