Según los comentarios en el blog de David y Tori, los deseos de escapar que vemos en Carmen continúa dentro de la tercera capítulo. Primero, aprendemos de la fascinación que tiene Carmen sobre la mágica de Cúnigan. Hay sentido en este interés, porque para ella, Cúnigan es un lugar único y especial, y posiblemente una escapa de la vida ordinaria y rígida.
Uno de los ejemplos más claros del la “fuga” que hace o quiere hacer Carmen en ese capítulo es lo del teatro. Ella describe al teatro como “lo que más me gustaba de todo lo que hacíamos en Madrid” (71). El teatro es el lugar perfecto para imaginar una vida nueva, y existe en una manera similar al proceso de escribir para encontrar universos alternativos. Carmen dice, específicamente, que “nada es comparable” a ser introducido “en una habitación desconocida, donde unos personajes desconocidos, de los que aún no sabíamos nada, iban a contarnos sus conflictos” (75). Por último, Carmen va al teatro porque ofrece un escape paralelo a los que resulta de una historia escrita.
Similar a lo que escribió David, Carmen usa su escritura y sus experiencias en el teatro para “desdoblarme en cientos de vidas,” posiblemente para hacer una “fuga imaginaria” como escribió Tori, ambos de su memoria del pasado y de su presente (75). Creo que la forma de la novela refleja esta transición de vidas que Carmen desea porque siempre está cambiando entre sueño y la vida despierta, como escribió Ricky en su blog.
