La conclusión de la inocencia

Este bildungsroman nos dió una perspectiva íntima de las vidas de Borja y Matia. A través de múltiples símbolos, ideas y temas, adivinamos que requiere para ser joven y creciendo en una isla en España durante la guerra. Regresamos de vez en cuando a los símbolos de colores y de la vista.

Un gran parte de la vida de Matia fue la figura de su abuela. Ella dirigió todo y tenía un control total en el cuerpo de Matia y las acciones que ella podría tomar. Por eso, no es una sorpresa cuando vemos un enfoque en los ojos de la abuela. Sus ojos son de color gris y rosado, tienen una apariencia similar “a un cangrejo patudo” y “peces tentaculares” (Matute 177, 178). Matia y los demás tratan de mirarla con la misma intensidad, pero no es nada fácil y requiere una determinación que Matia, siendo niña, cobarde e inmadura, todavía está aprendiendo. Sin embargo, Borja y Matia pueden tener una mirada más intensa porque están compartiendo una experiencia muy similar. Su niñez se está marcado por tener un primo y aventuras con sentimientos y barcos y con los otros chicos. Allí al final, Borja y Matia se miraron y ella llegó a la conclusión de que Borja ya no era un niño (Matute 184).

Cómo empezamos con el blog de Ricky, los colores de la novela siguen los chicos por cualquier parte. Aquí, al final de la novela, vemos los colores del invierno y la conclusión de la inocencia que marcó las vidas de Borja y Matia. Con los troncos negros, dorada neblina, luz que hice verde y plata a las hojas de los olivos y las franjas blancas, vemos cómo la naturaleza en el invierno marca una transición entre el primer capítulo de “el gallo blanco” y el segundo (Matute 185). Ninguna persona ya es “tan niño” y con acciones que cambian las vidas de personas como Manuel, vemos la muerte de la inocencia y la niñez y la empieza de una vida más triste y mayor.

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