Sintetizador de la memoria

Al leer las publicaciones de mis colegas, he llegado a la conclusión de que pensábamos que el tema más importante de este lectura era la memoria. Como sintetizador de estos posts, he encontrado que dentro de “Martine, la rosa número trece” las memorias son silenciados, perdidos, transmitidos, y más.

En cuanto a los recuerdos silenciados, es evidente que las trece rosas y las voces de otras mujeres nunca fueron oídas y por lo tanto nunca se recordaron. Debido a esto, fueron despojados de su derecho humano a ejercer la libertad de expresión. Relacionando esto con una idea contemporánea, en el mundo moderno, a nivel internacional, las voces de las mujeres siguen sin ser escuchadas y desacreditadas. Por lo tanto, este libro se presenta como una forma de empoderamiento para las mujeres universalmente, mostrándoles que hablar y compartir su historia es vital.

Dentro de esta novela, era también extremadamente evidente que los recuerdos se perdieron. Nuestra clase discutió en gran medida la importancia de la ropa y cómo el lavado constante de ropa permitió que los recuerdos se perdieran. Una vez que la sangre fue blanqueada y eliminada de la ropa de las mujeres torturadas, era como si estos recuerdos se borraran instantáneamente o se ignoraran.

Además, este libro posee elementos de recuerdos que fueron grabados y transmitidos para futuras generaciones. Me parece que este elemento de la memoria es el más importante, porque la evidencia puede ser tangible o intangible. Paloma, por ejemplo, recibió recuerdos materiales y orales de su familia: un par de zapatos y las historias de su abuela.

Como fue testigo dentro de esta novela testimonial, la memoria sirve como una fuerza binaria, proporcionando vida con anécdotas nocivas o útiles. Sin embargo, independientemente de que los recuerdos sean perjudiciales o beneficiosos en un momento dado, deben ser preservados y recordados para el futuro de la vida humana.

El uso del color dentro de La Casa de Bernarda Alba

La primera línea dentro del primer acto de toda de la obra es un escenario que ilustra una habitación dentro de la casa de Bernarda: una “habitación blanquísima” (116). Esta referencia implícita a una habitación blanca implica que la casa está impregnada de pureza, limpieza, adhesión estricta a las reglas de Bernarda, y nada que tenga connotaciones de suciedad. La ironía de este color es que la mayor parte del tiempo el color blanco está conectado con sentimientos de la libertad y el matrimonio. Sin embargo, este es el caso opuesto. En lugar de las paredes blancas que proporcionan a las hijas de Bernarda un sentido de libertad y el derecho a tomar sus propias decisiones, las paredes blancas atrapan a las hijas de Bernarda en el interior de la casa sin contacto con el mundo exterior, limitándolas del potencial de casarse y alejarse de la casa. En general, el color blanco sirve como símbolo dentro de esta obra como un color que controla, manipula y confina.

Por el otro lado, en la primera oportunidad que las hijas reciben para aventurarse en el mundo real y explorar las oportunidades de encontrar un marido, se introduce un nuevo color. Las hermanas pretenden vestir a Adela con un vestido verde. Ella grita: “Yo no puedo estar encerrada… mañana me pondré mi vestido verde y me echaré a pasear por la calle” (142). Esta es evidencia clara de que el vestido verde, un claro contraste con el blanco, le dará a Adela poder, confianza y la capacidad de reinventarse y ganar libertad y un marido.