Por todo Martina, la rosa número trece hay las creaciones de la autora, Ángeles López, y la historia de las fuentes primarias y del testimonio de Paloma. En efecto, Ángeles López da voz y alma a una historia que, probablemente, sería como muchas otras historias de la época de Franco inmediatamente después de la guerra civil. La mezcla de “la realidad” y la historia personal de Martina en la novela efectivamente conecta el lector con una historia que existe por la familia de Martina y pocos documentos del gobierno. En particular, los pensamientos de Martina durante la tortura y cautividad en los manos de las fascistas. En una sección por la autora, Martina dice “Y Martina desabrochó la certeza de todas sus dudas. Él tenía la llave que abría la puerta. Él había roto, con su boca infectada de nombres que no le pertenecían y afanes que no eran suyos…” (López 180). Es imposible si Martina pensó exactamente en estas cosas, aunque la autora da voz a una historia que no tiene ningún tipo de voz. Este concepto conviene con la concepción de la memoria perdida de la época de Franco. Nadia sabe cuántas historias ha pérdidas de tiempo de una represión de intelectualidad y oposición contra el gobierno. Por eso, Martina, la rosa número trece funciona como la restauración de arte anciano. Nadie sabe exactamente como la parece, aunque la obra nueva, aproximadamente, evoca los mismos sentimientos y reacciones que la original podría evocar.